Pan y rosas

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Regino Mateo

Que la música tiene la capacidad de conmovernos, de conmocionarnos, de alimentar nuestra fuerza, nuestras lágrimas, nuestra rabia no ha pasado desapercibido ni al tirano que trata de dominar las conciencias para perpetrar sus perversos planes ni a quien levanta barricadas de dignidad para impedirlos. Algunas veces, muchas, esta música se ha convertido en himno imperecedero, La Internacional, La Varsoviana, el We shall over come o el No nos moverán han acompañado a lo largo de los tiempos modernos las luchas obreras y las huelgas. Lili Marleen sirvió para confortar a los soldados alemanes durante los avances del nazismo y hasta hemos llegado a pensar que Tomorrow belongs to me es la adaptación de un verdadero himno de las Juventudes Hitlerianas y no una brillante creación de los autores de Cabaret recreando a la perfección el espíritu de la infamia y explicándonos mejor que cualquier libro de historia el Nazismo en tres minutos memorables.

Salgo emocionado de la película británica Pride, que narra la extraña alianza, real por cierto, entre gays y lesbianas por un lado y mineros en huelga por otro en el lejano 1984, con Margaret Tatcher como enemigo común. En uno de los momentos fuertes de la película, cuando el joven Mark Ashton, fundador de "Lesbians and Gays Support the Miners", promete en una reunión de mineros galeses en el pequeño pueblo de Onwyll, una joven de belleza celta y serena comienza a entonar Bread and Roses, una vieja canción que recuerda la lucha de las obreras textiles de Lawrence, Massachussets. Haciendo honor a la fama de Gales como tierra de cantantes y grandes coros, a la muchacha se suman en pie las mujeres y por fin los hombres, haciendo temblar los ojos de los espectadores y sumándoles al combate contra la bruja del Sudeste.

Se me ha quedado grabada la escena: tiene humanidad, poder, pasión, fuerza y música. ¿Qué más le podemos pedir? Una energía similar a la del canto feroz de La Marsellesa en el Café de Rick limpiando conciencias y venciendo, aunque sea por unos segundos, a los alemanes.

Vean Pride, aunque solo sea para incendiarse con viejos himnos sindicales y cantar conmigo a coro Give us bread, but give us roses!