El celo del muflón

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Regino Mateo
Cartel anunciador
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Escribo en el buscador del Youtube “Edurne Amanecer Eurovision” y me sale un video titulado “Solución contra la rinitis”. Lo juro por Monteverdi..

Ya sé que los anuncios del canal surgen de manera aleatoria , pero no deja de ser una feliz casualidad que asociada a este festival de aullidos de muflón ibérico en temporada de celo aparezca la publicidad de un medicamento destinado a liberar las vías respiratorias y facilitar el tránsito sonoro.

Ya sé también que en esta columna cantábrica suelo escribir sobre músicas un poquito diferentes, pero ha resultado que además de devoto de Clara Schumann he resultado eso que se llama eurofán. Eurofán, eso sí, crítico, criticón y nada patriotero. Quiero decir que si la canción que España envía a este particular festival de canciones es, como suele serlo, una clara admonición del final del mundo, más molesto al oído sensible que todas las trompetas del Valle de Josafat en la mañana del Apocalipsis, pues uno se siente obligado a decirlo.

Sí, sí, que sí, que ya lo sé: Edurne es bonísima, tiene bonita y buena voz, y os encandiló en aquel concurso de Karaoke fino llamado Operación Triunfo. Yo hablo de una canción o lo que sea llamada Amanecer y no de su vehículo expresivo. Fíjense en la sofisticada letra, ese hermoso Sientó el vacío me llevá contigo” con peculiar acentuación, y sobre todo esos estribillos inspirados en las celebraciones pascuales de los Ñus africanos, yieeeeee yieeeee yieeeee. Y después, inmersos tanto efluvio musical de calidad devuélvanme el alma en pie, devuélvanme el amanecer.

Luego vendrá el fantasma de Uribarri y nos dirá con voz cavernosa que los letones no nos votan porque no somos sus vecinos.