El burro sin flauta

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Regino Mateo

"Cosas de un gobierno / que arrasa este solar: / ministro fue un borrico, / por casualidad"

De las capacidades intelectivas y morales del ministro Wert nos queda poca duda a la inmensa mayoría de los españoles. De su profunda aversión por la cultura, tenemos pruebas sobradas, así como de su empeño por arrasar esa maravillosa fábrica de oportunidades e igualdad que es la educación pública. Con esta carta de presentación ¿por qué la Música iba a librarse de sus garras?

Cierto es que la Música se ha tomado poco en serio en España, que en las épocas contemporáneas y en la mirada de la sociedad su aprendizaje es poco menos que una frivolité innecesaria. De hecho, me atrevería a decir que en tiempos recientes sólo la tan denostada LOGSE (y habría que matizar con muchos matices) dio algunos pasos en positivo para racionalizar la presencia de la música en la educación general: exigencia de profesores especialistas, dotación de aulas Orff para los centros públicos…

Qué lejos aquellos tiempos en los que el arte de Euterpe se contaba entre los saberes imprescindibles para la correcta formación de un ciudadano culto y formado: desde la República de Platón al Quadrivium de las universidades medievales, en los que la Música se contaba entre los magnos saberes vinculados a la proporción y la matemática. Qué lejos aquellos en los que no se podía concebir un príncipe, un eclesiástico, un noble, un erudito que no aportara con la pericia musical en sus cartas de presentación. Ya las desamortizaciones decimonónicas supusieron un golpe mortal a las artes musicales, que no acabaron de encontrar buen acomodo en este viejo páramo con forma de piel de toro.

Ahora, si la situación era más bien tremenda, llega Juan Ignacio Wert con esa ley de la que tan orgulloso se muestra para garantizar que sea posible en España que un chico recorra todos los itinerarios de la educación obligatoria sin haber recibido una sola hora de música.

A partir de ahí, pensemos que una buena parte del dinero invertido en teatros y auditorios es directamente dinero tirado, que la apreciación y disfrute de la música será otra vez para las élites. Que les robaremos a nuestros chicos la capacidad crítica para soñar, disfrutar, escuchar, saber, ese poco de Música que tal vez les abriría la puerta de muchas horas felices.

Maldita su ley, señor Wert, malditos quienes la aplauden y la consienten. Y viva por siempre la música, ese placer maravilloso que tan lejos queda de sus orejas picudas. Que por terminar como empecé, parafraseando a Iriarte, lo suyo no llega ni a música asnal.