Los tópicos no son siempre sinceros

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Ángel González
Robert Johnson
Robert Johnson

En la música siempre hemos tenido ídolos. Esos músicos o artistas que han significado algo importante para la música en general o porque han formado parte de nuestra evolución y crecimiento como personas. De ellos hemos aprendido a vivir la vida, el desenfreno de los excesos, a componer nuestras propias historias, a reflejar nuestros propios sentimientos incluso a amar apasionadamente. Pero no siempre esa influencia es la misma para todos y no por eso hay que recaer en los tópicos que nos hacen decir que alguien es importante por el solo hecho de serlo.

Y esa sensación la tuve con Coque Malla. Recordar quien es él tiene poco sentido, pues lo más veteranos tiene un perfil del artista y los más jóvenes otro. Yo soy de los que crecí escuchando esas canciones simplonas al más puro estilo rock que presentaba con los Ronaldos. Lo cierto que hay un momento que me resulta un personaje engreído, y no con esto quiero afirmar que lo sea, pero no tengo esos deseos de saber de él como me podría pasar con otros. Lo cierto es que me gustó la reunión que le llevo a actuar en una sala pequeña de Madrid como quien lo hace de forma fija en los casinos de Las Vegas. Podría ser la nostalgia de la post-movida madrileña.

Olvidando viejas nostalgias, decidí escucharle en su día en el programa Un lugar llamado Mundo que emite Canal+ (ya sé que hay una versión del mismo en radio, incluso una web). Dentro de lo pedante que es el programa, en general no solo el día de Coque Malla, recuerdo como surgió el momento que yo llamo Robert Johnson. Para los desconocedores del rey del Delta Blues, Johnson fue el icono del sonido blues más profundo, ese al que todo guitarrista de blues ha soñado alguna vez con emular (incluido el posible pacto con el diablo). La influencia musical y mitológica que envuelve al señor Johnson ha dado juego para infinidad de leyendas. Pero su música… pura magia. Unos dedos endiablados capaces de sacar de las entrañas del infierno los sonidos más desgarradores que se han escuchado. Mejor no hablar más de él porque necesitaríamos horas y horas para debatir sobre un personaje que dejo un legado de 22 canciones grabadas en una única sesión y que han sido la mayor influencia icónica del blues. Continuando con el momento Robert Johnson recuerdo como el ex vocalista de los Ronaldos quiso hablar de la importancia de mito de Hazlehurst. Me quedé ilusionado esperando la explicación de cuál era el motivo que le llevó a considerarlo un héroe musical. Me quede esperando y… sigo esperando.

Su respuesta me dejo sin palabras que en definitiva es como se quedó él. Fue como cuando va a decir eso, algo importante todos escuchan y siguen esperando hasta que el interlocutor dice –eso-, y todos nos quedamos con el “eso ¿qué’”. Todo hay que decirlo. Coque Malla tenía todas las de perder pues en mis manos tenía un documental sobre el proceso de grabación del disco de homenaje que Eric Clapton hizo de las canciones de Robert Johnson. Sí, ya lo sé, ahora me diréis que no hay color y es cierto, no lo hay. No solo hablamos de uno de los mejores guitarristas de rock y blues de todos los tiempos, también lo hacemos de un conocedor de la música (incluidos los excesos no alejados de parecer un pacto con el diablo).

En el documental el guitarrista británico lo hacía desde la visión de un profesional, algo que resulta siempre interesante, pero también lo hizo desde el enfoque de un fan, un verdadero seguidor. Detallaba no solo la técnica sino que también mostraba los sentimientos que en él generaban. No menos emocionante resulto ver como guitarra en mano se fue hasta el edificio donde Robert Johnson grabó esas 22 canciones para él hacer lo mismo. Lo emocionante del momento era ver el nerviosismo que despertó en él de cumplir uno de sus sueños. Un verdadero mito transformado en un veterano adolescente con los nervios de un novato. Ese instante sí fue un “momento Robert Johnson”.