Soy snob

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Regino Mateo

Mi adorada Nacha Guevara con el enterno Alberto Favero al piano haciendo su particular cabaret con los versos de Boris Vian (para ser modernos y nada nada esnobistas habría que escribir hoy Guevara&Favero ft. Vian) se me ha venido a la memoria esta mañana al tomar conciencia de que en las últimas semanas he leído unas tropecientas mil veces la acusación directa o indirecta de ser un snob. La acusación se deriva de mi afición por la música llamada culta o clásica, mi interés (no exclusivo) por el cine que se hace fuera de Hollywood y mi indecente (y habitualmente insatisfecho por cuestiones crematísticas) amor por la cocina de autor.

Supongo que de la panhispánica falta de respeto por las aficiones, opiniones y gustos ajenos tienden a derivar acusaciones como la mencionada. Y eso que casi nunca aclaro que en realidad sólo me gusta la música compuesta entre 1600 y 1670, que cine lo que se dice cine sólo el eslovaco en blanco y negro y la cocina de autor la restrinjo a siete cocineros franceses, uno cántabro y dos peruanos. Pero no sólo el gen patrio tiene su papel en esta farsa, también esa actitud tan contemporánea de rechazo inicial y absoluto a todo lo que implique preparación, atención y tiempo. En la vorágine de los mass media y las radiofórmulas, para para escuchar (sí, sorpréndanse, he dicho escuchar) La Pasión Según Mateo del divino (aunque posterior a 1650) Bach sin duda merece ser calificado de rareza.

Porque naturalmente rechazar cualquier música con más de seis meses de edad por antigualla, presumir de diferenciar perfectamente el dance, el trance y el garage y sobre todo exhibir por doquier la falta de formación y la falta de criterio, la falta de horizontes y de mundo, no tiene nada que ver con el esnobismo.

En fin, que termino como empecé, Guevara&Favero ft. Vian …

"Y es que ser snob es un a-mor…".